domingo, 17 de junio de 2018

Nadien rempuje a nadien

"Nadien" y "naiden" eran palabras correctas, y "nadie" era vulgarismo que después se impuso. Aquéllas se observan aún en comunidades campesinas o lejanas a centros de estudio. Vea el castizo castellano antiguo de El Quijote: Allí, el hidalgo pide que "nadien rempuje a nadien"... Por cierto, "rempujar" también era correcto... Los idiomas vivos son propiedad de los hablantes, no de las normas escritas en cada una de las épocas históricas. Por eso se distinguen de las (adecuadamente llamadas) "lenguas muertas". El uso de los idiomas está preñado de ejemplos como éste, normalmente desconocidos incluso por quienes se afanan por la ortografía y, peor aún, por corregir a los demás. No existe eso de hablar bien o hablar mal. En el caso del idioma español, ni siquiera en España se puede delimitar con claridad la frontera de este idioma, y por eso hay mezclas, remezclas, y préstamos de aquí y de allá. En lo que a mi respecta, eso es hermoso. Cuando viajo por ahí, nunca olvido mi radio de bolsillo, para escuchar acentos y palabras multicolores.



viernes, 25 de mayo de 2018

Irrompible

En la película ‘Unbreakable’ (palabra que significa <irrompible>, pero llegó al público de habla hispana como ‘El Protegido’), el protagonista David (Bruce Willis) y el antagonista Elijah (Samuel L. Jackson) sostienen múltiples diálogos que en definitiva se orientan progresivamente a desentrañar identidades y habilidades desconocidas en ambos personajes. En el caso de David, es una potencia apenas latente, cuan brote que insiste en germinar en medio de un camino compactado desde hace mucho por maquinaria pesada, sin conexión con el resto del paisaje.

Eso sucede luego de que, años atrás, David optara por el amor de una relación de pareja y por la vida familiar en vez de una carrera deportiva exitosa y nómada, para lo cual fingió una lesión y así terminó como guardia de seguridad en un estadio.

En ese contexto, David expresa con escasísima claridad que ha sentido una tristeza permanente desde no sabe cuánto tiempo. Este síntoma no localizable e inconciente, que sólo se ve en un semblante cansino y demasiado pausado, parece expandirse crónicamente sobre todos los aspectos de su vida. Entre otras cosas, David está buscando empleo en otra ciudad y afronta una crisis matrimonial, consecuencia de una extraña pérdida de energía, algo parecido a desangrarse sin saber por dónde. No hay evidencias flagrantes de disfuncionalidad. Algo desconocido le pasa por dentro, como si estuviera esperando sin esperar.

Allí es donde encuentra espacio la sincronía del encuentro entre David y Elijah, como cuando se junta lo cóncavo y lo convexo. Allí es donde tiene cabida la metamorfosis.

Me identificó esa tristeza del personaje. La he sentido siempre en forma de ardor emocional en el pecho, casi permanente, desde la infancia. Como si algo interno, un pequeño vástago que quizá debería haberse transformado en tronco o ramal, hubiera sido aplastado o desoído en algún momento, con consecuencias drásticas de ‘mal formación’. Como si mi naturaleza no se hubiera desarrollado como debía, y a causa de ello la historia de mi vida pudiera relatarse como espera y búsqueda.

La pregunta del millón de dólares es si este malestar irrompible y tal vez crisálido logrará o no ser interpretado; si habrá o no metamorfosis.

Con consecuencias luminosas y trágicas al mismo tiempo, David sí lo logró. Dejo aquí el enlace al momento crítico de la película.

domingo, 30 de marzo de 2014

Las adicciones y el sistema cultural

El sexo desintegrado (sin amor por uno mismo ni por el prójimo, lleno de límites a causa de los miedos, la sensación de pobreza y hambre) es como masturbarse las propias heridas emocionales concientes e inconcientes, las carencias internas. Uno quiere saciarse, pero nunca lo logra, porque la masturbación a la larga trae más ganas. Estimula aquello que debe ser descifrado, integrado y acariñado. La propia oscuridad: sueños irreproducibles, pulsiones incomprendidas, emociones destructivas, nervios, apegos, vergüenza, rabia, miedos inconfesables, etc. Todo esto sería más fácil de aprender si a uno le enseñaran a escuchar el sentir del propio cuerpo emocional, y no sólo a memorizar datos. Más difícil aún es saber esperar (alimentar eso que llaman 'conciencia de proceso', que tiene avances y retrocesos), porque el cuerpo tarda en regenerar sus capacidades, traer calma, dar respuestas. Afuera de la piel, todo el sistema cultural ruge para que uno quiera saciarse en estímulos externos. Uno divide sus relaciones, se hace adicto a la tele, al consumo, al sexo ("hay que aprovechar", dice el mandato. "Mételo no más". "Come antes de que se enfríe"). Pura masturbación. Pura infelicidad. Se vive en las heridas y miedos del pasado o en la ansiedad y también el miedo por el futuro. Mientras más infeliz, más utilidades para el sistema. ¿Por qué esto no está en las discusiones públicas? ¿Por qué sólo habla de macroeconomía, políticas públicas abstractas, presupuestos, proyectos empresariales, protestas, noticias policiales y fútbol? ¿Y lo que sentimos? ¿Y todo lo que tantas personas han escrito y descubierto por milenios como claves para que las personas seamos felices? Nadie dice nada.

martes, 5 de noviembre de 2013

Tormenta de arena

"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo, y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con a Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta. Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás. Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa si quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena."

<Kafka en la orilla>, Haruki Murakami.

miércoles, 10 de julio de 2013

Solamente uno. Unánimemente solo.

No era más fácil ser otros, pero ahora que soy yo, y me dedico a interpretarme con la intuición, me pregunto cuánto de mí hay en el que hace este mero ejercicio, porque ahora soy cada vez menos el que piensa y cada vez más el que siente, lo cual es extraño porque antes entendía como “voluntad” algo que ya no es… Da risa haber sido tantos, y hoy día ser solamente uno. Solo y unánime...

sábado, 1 de junio de 2013

Lo femenino de lo masculino, y viceversa

Es época difícil para el florecimiento y expresividad pública de masculinidades. La discusión sobre sexualidad y género se da sólo en lenguaje judicial y político, y básicamente sobre tres grupos: 1°) Mujeres: Violencia intrafamiliar, femicidios, acoso sexual, baja participación en la masa laboral, en puestos gerenciales y políticos, y salarios desiguales. 2°) Homosexuales: Principalmente hombres, mediante campañas por la libre expresión de su sexualidad y derechos civiles. 3°) Niños: Pornografía infantil, violencia y explotación sexual comercial, trabajo infantil y pedofilia.

La masculinidad, por ejemplo, no es tema. Los hombres son asociados con el machismo y puestos como victimarios. Suponen que tenemos la sartén por el mango y que actuamos como gremio. Si una publicidad muestra a una mujer como objeto sexual, suponen que nosotros seríamos los “beneficiados” porque así tendríamos con qué excitarnos o podríamos guardar la imagen para un momento íntimo más oportuno

Pero los hombres son tan víctimas del machismo como las mujeres. Todos y todas habitamos y construimos esta cultura. No hay una división de la realidad. La lógica de víctimas y victimarios es facilista y aporta cero al aprendizaje emocional del día a día. Si con suerte hay conciencia del analfabetismo emocional de muchísimos hombres, aun así, sólo se juzga. Lo cierto es que la publicidad de la mujer cosificada también tiene un impacto negativo en el cuerpo, en la psiquis del hombre. Estimula su adicción al sexo y los estereotipos sobre cómo ser. Te ponen límites, y lo hacen la mayoría de las veces con violencia simbólica. Esa que pasa colada de manera inconciente.

Los mensajes del mercado o del medio cultural nada dicen, por ejemplo, sobre el lenguaje del cuerpo emocional, la intuición y las posibilidades ricas de cambiar el centro de gravedad de la percepción desde el mundo de los estímulos externos hacia la propia auto-conciencia. Por el contrario, estimulan el inmediatismo y la nula conciencia de proceso. Ni hablar de respiración, paciencia o ver al cuerpo como fuente de realización existencial y no sólo para liberar energía o postergar miedos, ansiedades o lo que sea.
La lógica de trincheras (como algunos feminismos) sólo sirve para enjuiciar, no para aprender. ¿Alguien duda de que la posibilidad de ser feliz se juega en escucharse a uno mismo y saber lo que a uno le conviene, por sobre el vendaval de mensajes que vienen de allá afuera?
Pensar en clave política o judicial sirve tal vez para atacar casos de violencia directa que se pasan de la raya legal. Pero esa violencia es una parte minúscula del sufrimiento (muchas veces inconciente o semiconciente) que experimentan hombres y mujeres por el machismo. Eso sí que es brutal.
Al ver este lenguaje limitado, no extraña que muchos hombres estén desintegrados, con la existencia fragmentada (por un camino va el afecto y por otro la sexualidad), centrados en la genitalidad y buscando “instintivamente” y con urgencia resolver conflictos internos en el mundo de los estímulos externos… “¡A ponerse los pantalones!” dice el llamado. “¡Actúa como hombre!” nos repiten.  “¡Aprovecha la oportunidad!” es el imperativo.
En definitiva, hablar de "minorías sexuales" es fragmentar la Humanidad y construir juicios generales sobre la base de un tipo de violencia evidente que se puede contar (un abuso, dos femicidios, tres celópatas). Eso se muestra todos los días. Lo verdaderamente ninguneado es la naturaleza de las emociones y del amor, y sólo hablando y vivenciando esto uno puede liberarse y madurar.

(Pintura: <Venus y Marte>, de Sandro Botticelli).

lunes, 29 de abril de 2013

El ave fénix

Haz el intento de figurar este episodio en tu imaginación:   La música de fondo es ni más ni menos que la interpretación desgarradora y celestial que hizo la cantante británica Clare Torry del tema traducido como “El gran concierto en el cielo”, del álbum "El lado oscuro de la Luna" de Pink Floyd (Si no la recuerdas, haz clic aquí)

La imagen que debes figurarte es un escenario de docenas de personas humanas multicolores, de todos los tamaños y complexiones, que permanecen con los ojos cerrados y las manos en el centro del pecho. De aquí en adelante, la aceleración, clímax y descenso de cada movimiento sigue fielmente las pautas de la música de fondo.

Estás en presencia de uno de los 4 mil movimientos del Sistema de Biodanza, que esta vez consiste en la vivencia del arquetipo de “El ave fénix”, mediante el cual las personas humanas se mueven desde una aparente calma, progresivamente, hasta convertirse en llamas fulgurantes que van quemando las carnes y que lo purifican y reinventan todo. El ave fénix va perdiendo sus colores maravillosos hasta quedarse gris, color ceniza. En ese momento, arde en un fuego volcánico, pero no rumbo a la muerte sino a una transmutación descomunal y completa.
En el fragor de este episodio, el griterío y los llantos quemantes son desgarradores. Brazos, manos y dedos... todo el cuerpo dibuja llamaradas veloces. Hasta podría decirse que huele a carne humana chamuscada. Las existencias se están fundiendo, y el proceso es una gran catarsis que no desemboca en una muerte pronta. El que se atrevió, deberá vivir íntegramente el proceso hasta la resurrección completa del fénix desde sus cenizas. Si uno quiere volver a sentir y compartir el fuego del amor, antes debe asumir lo recorrido y trasmutarse.
La voz y la música lo envuelven todo. Los cuerpos ahora yacen rendidos en el piso. Comienzan a reincorporarse, lentamente. Reaparece el aliento y se abren los ojos. El ave fénix despliega nuevamente sus alas e intenta sus primeros aleteos. Los colores más puros y diversos han regresado...
De algún modo, al final de esta vivenciación resonó en mi cuerpo aquella invitación existencial y urgente de la gran Pina Bausch: